sábado 23 de febrero de 2008

Informe Nº10: "Park City N#1”

Domingo 13 de Enero, 2008

Toda la temporada: Primer acercamiento a Park City.
Para ponerlos un poco al tanto, del lugar en donde estoy. Park City es una ciudad que tiene 147 años desde su fundación. Tiene una población estable de unas 8 mil personas. Tienen un ingreso promedio por casa de US$65.000 (2,72 personas por casa), y un ingreso de US$77.000 (3.11 personas por familia) por familia (pueden ser de la misma familia pero no compartir la casa). Es una ciudad en que el promedio de la población, ronda los cuarenta años.
Cerca del 55% de la población tiene al menos el grado de bachiller, y más del 88% tiene estudios universitarios e incluso estudios posteriores. Están a años luz de lo que es la educación en Chile.
De todos modos, pueden verificar la información y obtener datos más precisos en www.parkicity.org, y además deben incrementar positivamente las cifras, porque las que les dije tienen siete años de antigüedad, y no creo que hayan disminuido.
Park City, como les dije antes, es una ciudad pequeña en el Condado de Summit (así como los que conocen la serie The O.C., son las siglas del Condado Orange). El condado de Summit, se encuentra en el Estado de Utah, al sur oeste de Estados Unidos. Está rodeado por Idaho (Norte), Nevada (Oeste), Arizona (Sur), Colorado (Este) y Wyoming (Noreste).
Dejando atrás los datos “freak” de esta pequeña ciudad norteamericana. Mi primera impresión ha sido de decepción, frente al daño que han provocado los latinos al sistema que los gringos tienen acá. Finalmente se ha latinizado. De hecho, me dijeron, que existe una población flotante de nueve mil sudamericanos que se encuentran trabajando por la temporada y en empleos de mediano y corto plazo. Eso no incluye la vasta población mexicana y centroamericana que se encuentra viviendo legal o ilegalmente.
Sobre todo The Canyons es un desastre. A tal punto que, los empleados que están ilegales no responden siempre al nombre que dice su pin. Por ejemplo, a Ronald (el salvadoreño que es uno de los jefes del Depto. de housekeeping, tiene trabajando a Edwin (su sobrino), y en su pin aparece Edward. Según él, se equivocaron. Bastante dudoso a decir verdad. Por otro lado, en el Red Pine, uno de los restaurantes de la montaña, ninguno de los cocineros contesta por el nombre de su pin. Todos están trabajando ilegalmente, y dejan que los pisoteen cuanto sea.
La gente de Park City, por otro lado se nota muy molesta por los miles de turistas, latinos, y gente foránea que visita la ciudad. Los buses, por ejemplo, funcionaban a la perfección, pero ahora se les nota el enojo y una actitud diferente a cada uno de los choferes. Antes te saludaban amablemente con una sonrisa, ahora prácticamente les gritan a las multitudes que se suben a los buses cada día. Ni siquiera les importa llegar a algunos paraderos ni mucho menos llegar a la hora a otros.
Todos los lugares están repletos de turistas hacia la zona de Park City, histórica. The Canyons cada día da más pena, por la poca concurrencia. Es verdad que está fuera del centro y es el resort para esquiar que queda más alejado.

Informe Nº9: "Navidad”.

Sábado 12 de Enero, 2008

25 de diciembre: Fiesta de Navidad.
Empecé a trabajar finalmente el 20 de diciembre, y para más remate, siete días seguidos. Como todos se pueden dar cuenta, para Navidad, ya estaba en mi quinto día trabajado (Sí, trabajé en Navidad, y también en Año Nuevo). Y como ya les conté, desde The Canyons tengo que tomar un bus en dirección a Kimball Junction (sector comercial de Park City, que está en el área de centros de esquí). Por tanto, se da mil y una vuelta por todos los outlets, tiendas y restaurantes habidos y por haber. Cuando, llegué a Park ‘n’ Ride (la parada del bus en Jeremy Ranch), y comencé a caminar. De pronto, un jeep Grand Cherokee para unos metros más delante de nosotros (digo nosotros, porque iba con Gustavo, uno de los peruanos), y unos “pololos” nos preguntan: “¿Do you want a ride?”, a lo que respondemos, “Of course”. Cuando notamos que en el asiento trasero ya estaba todo ocupado por un grupo de peruanas que les acompañaban. Nos subimos en la maleta, la parte trasera, o como sea… y nos llevaron hasta la casa.
En el trayecto antes de llegar, la conductora (Rachel, una gringa de unos 21 años, morena, de mediana estatura y de contextura rellena pero estilizada, o sea de rasgos finos, y proporcionada) nos comenta acerca de una “Christmas Party”, y de pasada, nos invita. Al darme cuenta lo sucio que estaba, y lo mal que olía (había trabajado 9 horas, o más), y ver la expresión de Gustavo, que parecía preocuparle lo mismo. Dije: “I need to get back to home, because I really need a shower, and to change my clothes”. Entonces Rachel, amablemente responde: “Well I take you to home, and I’ll pick you up in 15 minutes”.
Junto con Gustavo, entramos apuradísimos y nos cambiamos. Yo me tomé una ducha express, pero muy eficiente, y me cambié de ropa. Mientras Gustavo, al parecer solo se cambió, jajaja. De hecho, no podía creer, que yo me hubiera duchado tan rápido.
Cinco minutos más tarde de la hora acordada, el bocinazo. Rachel y su novio estaban afuera dando vuelta el jeep, para encaminarnos a la “fiesta”. En principio pensé que era una fiesta como “carrete”. JÓVENES+MÚSICA+BAILE+alcohol+COMIDA, etc… Pero no, me equivoqué rotundamente, al notar que estaba toda una familia reunida. Y una veintena de de latinos, insertados casi a la fuerza, en una de esas típicas celebraciones navideñas (como las de películas hollywoodenses).
Una completa ornamentación navideña, comida para la ocasión (el tradicional pavo, los bastones de dulce, queques, etc…). Cuando llegué además, para más remate, estaban ya todos mis amigos de Chile (Diego, Carolina, Gabriel y Camila). Fue chistoso verle las caras, y debe haber sido chistoso ver mi cara en ese momento. Diego yacía con una botella de cerveza Corona en una mano. Camila y Gabriel, “como Pedro por su casa”, permanecían sentados en el mesón de la cocina comiendo todo tipo de manjares (jajaja). Por mi parte estuve catando Whisky y Bourbon, porqué no sabía en que se diferenciaban (según pude comprobar, el bourbon es algo más dulce).
Entremedio, el dueño de casa saca un cuerno de toro (o de algún animal similar), y comienza a retar a los presentes para hacerle sonar. Él, por supuesto, ya sabía. Su hija también, pero nadie más podía sacarle mucho sonido, ni siquiera yo. Pero luego de un par de intentos, una de las brasileñas sacó un sonido tímido pero evidentemente más audible. Luego fue mi turno y logré sacar un sonido potente. Tenía ventaja, porque en trabajos de verano de la Diego Portales. Esa había sido mi entretención, sumada a la de un didjeridoo (instrumento oceánico de viento, procedente de las tribus del norte de Australia, Jamiroquai lo usa mucho en su disco “Travelling without moving”), y de un par de percusiones (latina, y árabe. La diferencia es que una es con la mano, y la otra con los dedos).
Luego de la comida, nos obligaron (a todos los latinos, brasileños, peruanos y chilenos) a cantar un villancico. Fue patético, cantamos “Noche de paz”, en 20 tonos diferentes y con diferentes velocidades, además, nadie se acordaba de la letra. El problema fue, que cantamos todos al mismo tiempo, ni siquiera alcanzó a sonar melódico. Fue un desastre. Realmente quise que la tierra me tragara, jajajaja. Luego le tocó el turno a las brasileñas, y sacaron la cara. Aunque después empezaron con el AXÉ, y perdieron todo el respeto que les tuve, jajaja.
Ya tipo 23:00, la gente se empezó a mover, y se veían algunos indicios que querían que nos fuéramos. De hecho, nos ofrecieron traernos a la casa. Y así lo hicieron.

martes 19 de febrero de 2008

Informe Nº8: "La gente N#1”.

Viernes 11 de Enero, 2008

Toda la temporada: La gente estadounidense.
Para partir, me gustaría refutar, o demostrar mi desacuerdo con esa especie de idolatría que tiene el Papá, con respecto de la gente de este singular país del norte (como dicen vulgarmente los periodistas, asumiendo que Estados Unidos fuera el único país al norte de Chile). Sinceramente, aquí hay un porcentaje de gente muy mal educada e inculta que no necesariamente se incluye en la clase trabajadora, que es donde me desenvuelvo cada día.
Alguna vez, hace un par de días dije: “Los gringos son igual de sucios que cualquier latino, o más. Son cómodos. Pero tienen más poder adquisitivo de contratar gente que les limpie la basura que dejan al andar”. Evidentemente no incluye al total de la población norteamericana, es mi apreciación subjetiva respecto del comportamiento que he observado de los mismos turistas que visitan el centro de esquí.
Un punto a favor, y que rebasa a Chile, es el siguiente hecho. Todos los lugares cerrados cuentan con detectores de humo (cuestión que Chile debería aplicar a los lugares críticos, como mínimo), y que la gente es muy respetuosa respecto de esta norma. De hecho he fumado muy poco. No diré cuanto, jaja.
Por otro lado, nos tocó, o sea a Camila, la anecdótica conversación con un gringo.
Primero quiero introducirlos en el ambiente del trabajo. Camila trabaja de cajera en un restaurant en la montaña. Cuestión que requiere de llegar esquiando para quién quiera ir. Por ende, a un turista que arrienda equipo y compra ticket por un día, tiene que desembolsar algo más que US$120 para lograrlo. En conclusión, no es cualquier gringo el que llega allá. En el trabajo además tenemos un pin en la camisa, chaqueta, o lo que sea, que aparece nuestro nombre y procedencia.
Entonces, este señor se le acerca atónito, y le pregunta a Camila: “¿Eres en verdad de Chile?”, y Camila asiente. El individuo vuelve a insistir y Camila vuelve a decir que sí. Luego el señor apunta: “Pero eres blanca, ¿Cómo puedes ser de Chile?”, y luego añade “¿Hay más gente blanca como tú en Chile”.
Es verdad, es un solo caso, pero es como para analizarlo de todas formas. Sinceramente creo que llevaba una impresión muy errónea e idealista de lo que era E.U.A., y quizás es mi error personal.
En todo caso, no todo es malo aquí. Como todos saben Utah, y en especial Salt Lake City (ciudad ubicada a 30 minutos, de mi lugar de estancia temporal), es la cuna de los mormones en el mundo. Bueno Park City, Heber, Midway, Kamas, también son lugares atestados por esa ideología religiosa. Me ha tocado conocer mucha gente que se ha portado muy bien con nosotros y conmigo en especial.
Si comenzamos cronológicamente, en el aeropuerto de Salt Lake City, cuando conocí a Giofford y a Liz, cuando bajé del avión. Me sentí acogido calurosamente, demostraron una preocupación y cercanía que es difícil de transmitir en un primer momento. La segunda vez que me sorprendí por lo mismo, fue respecto del Christian Center (un centro cristiano, berp!, obvio… que ayuda a la gente y en especial a los trabajadores de temporada en esta época). De ese lugar puedo desglosar a David, como una persona que me marcó. Uno de los “voluntarios”, que nos ayudó en todo lo que le pedimos sin nunca decir que no, y poner trabas o condiciones. Claramente tenía mucho trabajo y en ciertos momentos no tuvo tiempo de estar con nosotros.
Luego para el cumpleaños de Camila, fuimos a un bar de mala muerte (estereotipo copiado a esos que muestran en las películas gringas). Gracias a Dios era de mala muerte, pero no estaban los tipos malos. Solo el dueño y Bharat (un profesor de un colegio de Heber), un hombre de rasgos hindúes típicos, un poco desgarbado y de mediana estatura. Resultó que tenía doctorado en Matemáticas, y se asombró por primera vez de “carretiar” con gente inteligente. Le contamos un par de chistes matemáticos, jajajaja.

Informe Nº7: "The job N#1”.

Jueves 10 de Enero, 2008

20 de diciembre hasta el presente, y final de la temporada: Sobre el trabajo.

Como ya habrán notado, mi desazón con respecto a mi trabajo. Es realmente decepcionante la mala fama que los latinos tienen aquí. Y con todo respeto, la tienen bien merecida, quiénes trabajan, viven y se ganan la vida acá. Es prácticamente una comunidad aparte que funciona igual que cualquier país latinoamericano, del tercer mundo (administrativamente hablando). En base a “amiguismos” (el amigo que está en el poder, pone al lado suyo a toda su gente, sin ser necesariamente, la más indicada para el trabajo. Ej: Ronald, es uno de los jefes del depto. de Housekeeping, y abusa de su poder, de manera exorbitante. Pone a su sobrino, que no habla una palabra de inglés y que más encima no hace nada, a trabajar en el restaurant de The Canyons en la montaña, y a su cargo tiene a gente que sólo habla inglés. Así hace con todos sus parientes, y amigos. Para más remate, muchos de ellos están trabajando ilegalmente y están contratados con nombres diferentes, para no causar sospechas).
Exigen orden, cuando ni los mismos jefes lo respetan. Hay gente que roba comida, porque realmente no tiene, y botan demasiado que se pierde, porque no se compra. Por otro lado, los jefes siempre regalan de todo tipo de cosas a sus amigos y luego exigen que el resto sea riguroso. A mí al menos no me ha tocado eso de la comida, porque es un departamento de trabajo diferente al mío. Son excesivamente discriminadores. Si es que alguien no les cae bien de entrada, lo castigan con más trabajo, o los presionan más. Por ejemplo yo, durante varias semanas me ha tocado trabajar en los lobbys de los hoteles, primero en el Silverado (es el más nuevo, y hasta el momento el que recibe menos gente. Por tanto, más tranquilo), luego me enviaron al Sundial Lodge, y ahí comenzó la debacle.
Keenan, un bosnio, que es el manager de ese hotel (Sundial Lodge, el hotel más viejo de The Canyons), me dice: “Anda a buscar a Lupe para que te diga que hacer”. Una vez que la encuentro, me manda a trapear el piso, con una herramienta media extraña, y que a final de cuentas, no sirve para nada. Luego Keenan me manda a limpiar los ascensores, y el caos comienza. Mientras estaba en pleno trabajo, Lupe se instala a un lado a darme órdenes y contradecir todo lo que Keenan me había dicho. Me envía a limpiar los baños, siendo que yo estaba ocupado. Todo el tiempo que perdió presionando para que dejara los ascensores, pudo limpiarlos ella misma. Ese mismo día (26 de diciembre), había una comida de navidad para los empleados y era en el otro hotel. Por tanto debía caminar y gastar tiempo para llegar.
Resultó entonces que Lupe me reportó por demorarme una hora y media en el almuerzo (siendo que lo definido son 30 minutos). Keenan me vio haciendo la fila para la comida (buffet), y no me dijo nada, sabía perfectamente que todos se demorarían a causa de esto. Y bastan dos dedos de frente para darse cuenta. Desde Andreo, Dave, Keenan y Ronald que son los managers de mayor rango, estaban en el almuerzo. ¿Por qué una vil inspectora busca fregarme por fregar?. Papá, estoy consciente de lo que me dijiste acerca de trabajar sin claudicar. Pero esto era algo que The Canyons preparaba para sus empleados, y no bastaba mucha agudeza para darse cuenta que a cada empleado le tomaría más de 30 minutos tomar su almuerzo y volver a trabajar. De todos modos, hablé con Keenan y le dije: “Si, me demoré 50 minutos en el almuerzo, lo reconozco, y sé que es mi falta, pero tu bien sabes que en menos tiempo no se podía hacer” , y me encontró la razón. Ese fue el primer roce y más suave.
Luego, Lupe me envía al jacuzzi y a la piscina del Sundial que están a la interperie y en el tercer piso, a sacarle la nieve y el hielo a las mesas y sillas que las rodean. Resultado fue que me llamaron la atención por demorarme más de 2 horas en hacerlo. Pero el detalle era que cada una de la veintena de sillas y mesas, tenía en su cubierta, una capa de 5 a 10 cm de hielo. Intenté con agua caliente, con cuchillo, tenedor, todo tipo de utensilios con punta, y me tomé el tiempo para no raspar la madera. Pero resultó que lo que realmente se hacía, era sacar la nieve nada más, y en 15 minutos. Lupe nuevamente hacía de las suyas, en mi contra. Gracias a Dios, Keenan lo único que ha hecho desde entonces es, reírse de mí y tirarme tallas al respecto.
Es verdad que tales anécdotas no son más que detalles, pero bueno, al haber partido con el pie izquierdo, respecto de todo el estrés por encontrar alojamiento, sumado a que aun no trabajaba, The Canyons era un desastre organizativo y administrativo que era incapaz de responder ningún tipo de duda, y que finalmente yo, era más que un pajarito nuevo que no sabía en donde estaba parado.
Ahora reconozco mejor el terreno y veo los límites más claros. Y definitivamente Lupe es mi karma, por todo lo que no he trabajado para la universidad.

Informe Nº6: "La casa del rancho de Jeremías”.



Miércoles 09 de Enero, 2008

20 de diciembre: En Jeremy Ranch.
¡ENCONTRAMOS CASA!, ¡ENCONTRAMOS CASA!, ¡ENCONTRAMOS CASA!, al fin la espera había terminado. Gabriel, Diego y Camila conocieron a un par de peruanas que querían arrendar una casa en el suburbio de Jeremy Ranch, y estaban reclutando gente para ello. A causa que la tramitación del arriendo en Powderwood demoró y se complicó cuando el dueño intentó cambiar algunas clausulas, la proposición de las peruanas, venía a dar en el clavo a un tema que día a día nos urgía más. Navidad y Año Nuevo se acercaban, y no era de lo más esperanzador pasarlos en un motel, hacinados en Heber.
US$5.500 de mensualidad, US$4.000 de depósito de seguridad; toda una baratija jajaja; era la cuota inicial total para adjudicarnos el arriendo hasta finales de marzo. Go ahead!, lo hicimos. En lo personal, nunca entendí los cálculos que hicieron las peruanas. Quizás nos engañaron y aún no lo he notado. A mí me bastó dividir los US$9.500 entre los catorce para quedar tranquilo. De hecho lo que pagué está US$35 debajo de lo que resultaba la división. En otras palabras, se podría decir que pagamos US$35 menos. Detalles en verdad, porque lo que inicialmente pensaba gastar en arriendo eran US$500 por mes, y actualmente pago menos de US$390. Por consiguiente, tema cerrado.
Para que se hagan una idea. Es una casa con seis piezas habilitadas para ser habitadas. Hay dos más que les hace falta alfombra, hay cuatro baños (uno de ellos con jacuzzi) y un loft que caben fácilmente cuatro personas más. Una cocina completamente amoblada (cocina eléctrica, horno, microondas, lavabo, triturador de basura, mesón de granito; si no me equivoco; y una infinidad de cajones y puertas para guardar loza, y comida.
Para seguir aburriéndoles con la casa, tiene un garaje con puerta automática, tres pisos, y muchísimo espacio. Claro que como dicen aquí, la casa está “half furnished”, o sea amoblada a la mitad, o en verdad, completa. Porque es difícil que hayan pensado en poner catorce camas, y de todo el resto de las cosas.
El punto malo es, que está ubicada a veinte minutos caminando de la parada del bus. Gracias a Dios, los vecinos del sector se conocen y se han portado muy bien con nosotros, y siempre conseguimos alguien que nos acerque al trabajo, a la casa, o al menos hasta el bus.

Informe Nº5: "La odisea en Heber”.

Martes 08 de Enero, 2008

13-19 de diciembre: Heber.

Ben, un tipo de unos casi 50 años, pero bastante demacrado, hablaba hasta por los codos y se tomaba todo el alcohol que podía (hasta el agua del florero, hasta las molestias, se tomaba). No me tincó de entrada, pero bueno, en ese momento no estaba borracho y no parecía violento. El me invitó al hall de recibimiento de los clientes, y mientras veíamos televisión, preparó piña colada (jajaja en serio).
Lo malo fue darme cuenta, lo mentiroso y artero que era este tipo. Decía que nos amueblaría una habitación para los 5, con sus divisiones y todo lo pertinente para que viviéramos (el espacio no daba abasto, y en una semana era imposible hacer todo eso). Además de las disculpas falsas que me dio por la espera en el aeropuerto, terminó por agotarme la paciencia. Según él, nadie le había dicho nada claro. Pero no fue así, mis amigos le cortaron el teléfono luego que él les gritara desaforadamente, estando borracho.
Su motel estaba bastante bien ubicado, o la verdad no sé, ustedes juzguen. A un lado había un Mc Donald’s, (por eso el nombre Mac’s Motel), y al otro un Subway (como para no moverse en todo el día, y comer ahí los 3 meses).
En la noche abandonamos el lugar y con ayuda de David (voluntario del Christian Center), nos acomodamos en otro motel bastante mejor. Rodeway Inn, de propiedad de un tipo de evidente procedencia hindú. (con las típicas ojeras, una nariz muy particular y ese color de piel distintivo de los hindúes, que es bien parecido al de algunos sudamericanos). Cuando llegamos, yo no me bajé de la camioneta de David. Mis amigos para negociar un mejor precio, dijeron que solo tres usarían la habitación. Por tanto, era yo el que debía esconderse.
De todas maneras, en la mañana iba a la entrada, con cámara y todo a tomar desayuno, sin ningún tapujo. Hasta que un día, salió y me vio. Enojado encaró a Diego y le dijo (refiriéndose a mi): “¿Es amigo tuyo?, ¿Se está quedando acá?, ¿Cuánto más se va quedar?”, a lo que Diego respondió de manera bien directa, simple y no menos “india”: “Es amigo de nosotros, pero se está quedando en un motel más allá (apuntando a donde ya no había más nada), lo invitamos a tomar desayuno acá”. Por mi parte, no creo que el filipino (así es como lo apodamos), haya creído alguna palabra de lo que dijo Diego. De todas formas, no nos subió la renta y un par de días después encontramos la casa de Jeremy Ranch, en Park City.
Respecto al trabajo, la decepción comenzaba. El día viernes 14 de diciembre, me presenté a trabajar, me dieron uniforme, y todo el speech protocolar. Cuando ya estaba con el uniforme puesto, me cae el primer golpe bajo. Me dijeron: “Debes esperar hasta el lunes, no empiezas hasta el lunes”. Por tanto me habían otorgado desde ese día viernes hasta el lunes sin hacer nada. Aun no encontrábamos housing (alojamiento), pasaba recorriendo de un extremo al otro de la ciudad. Viendo boards (pizarras en supermercados con avisos clasificados), viendo diarios, buscando lugares para revisar páginas en internet de arriendos (VRBO, PARKRECORD, CRAIGLIST, ETC…).
Para más remate, viviendo en Heber teníamos un horario muy estricto que estaba moldeado por las idas y venidas de los buses. Nos levantábamos cada mañana a las 5:25 am. Para ducharnos, tomar desayuno, y caminar al bus antes de las 6:45am. El bus a su vez llegaba a The Canyons a las 7:50 am..
En la tarde teníamos dos posibilidades para devolvernos, 17:00 pm. o 17:45 pm., si no tomábamos alguno de esos buses, no teníamos posibilidad de volver. Por tanto, si se considera que el horario normal de trabajo es de 8 am. a 16:30 pm., no queda tiempo para salir, recorrer, buscar un segundo trabajo, carretiar, nada. Era sencillamente desmotivante y la principal razón para salir de Heber. Sumado a la posibilidad del motel era relativa, el administrador podía echarnos en cualquier momento. Tanta incertidumbre acumulada, daba para estresarse y cansarse desde un principio.
Mi único escape fue la mañana que esquié el lunes 17, porque me quitó mucho estrés. Resultó que como dije, empezaba a trabajar el viernes 14, luego me dijeron que volviera el lunes siguiente, y como “guinda de la torta”, fui el lunes y me dijeron que empezaba el jueves de esa semana. Por eso fue que exigí el daypass para ir a esquiar. A pesar de que no practicaba hace más de cinco años, “no hice el loco” como creí, de hecho estaba en un nivel bastante decente. Me sorprendí.

Informe Nº4: "La llegada a SLC”.

Lunes 07 de Enero, 2008

13 de diciembre: Aeropuerto internacional de Salt Lake City / Heber.

El impacto del aeropuerto Fort Worth había sido tan descomunal, que el pequeño establecimiento de Salt Lake provocaba una extraña sensación de claustrofobia y descontento. Nada más parecía un edificio de esta categoría; aeropuerto; como cualquier otro en el mundo. Pero a su vez, frío, impersonal, solitario; a pesar de que no estaba vacío del todo.
Al bajar del avión, tomé rumbo hacia el carrusel de equipaje, el olor a mormón ya expelía de todos los rincones. Cierta amabilidad, caras deslavadas, pelo y ojos mayormente claros se repetían en cada una de las caras que observaba.
De pronto, una pareja de unos 50 años cada uno, se acercan y me preguntan con un inglés muy bien pronunciado. ¿Venías en el vuelo AA940, desde Santiago de Chile?, y con una reacción casi paranoica (Paranoia porque ese vuelo había sido el anterior, cuarto horas antes, y ya me encontraba en otra ciudad, en otro Estado), hago un flashback lo más rápido posible, y respondo “Yes” (justo en el momento que recordé sus caras), luego acoto de manera muy astuta: “Si, recuerdo sus caras, estaban sentados un par de asientos más adelante”. (Cuestión que no era difícil de concluir, mi asiento estaba casi al empezar la cola del avión, todos los americanos estaban adelante en primera clase, supongo).
Continuamos conversando, y bastó entrecruzar un par de frases para averiguar datos bastante interesantes. Primero, eran americanos de Utah, que residían en Heber (locación a la cual iba a llegar), por tanto tenían contactos, estaban ya al tanto de lo que es Chile (venían viajando desde Punta Arenas, EN SEEEERIO, ¡PUNTA ARENAAAAS!), y anecdóticamente resultaban ser del tipo de familias americanas educadas, buena gente, culta y muy servicial (gracias a Dios).
Nos despedimos cuando su hijo llegó a recogerles (23 años igual que yo). Prometieron ayudarme si lo necesitaba, y preguntaron si quería esquiar con su hijo, jajaja. (me desligué del tema lo más educadamente posible, no esquiaba hace más de 5 años. No quería quedar en ridículo).
La ida a Heber fue un desastre, mis amigos me habían dicho que el tipo del motel donde nos quedaríamos, me iría a buscar y me cobraba barato. Las únicas referencias que tenía de este personaje era que se llamaba Ben, era viejo canoso, y venía en una camioneta Chevrolet oscura a buscarme. Resultó entonces que al salir al sector de “Pick up passangers”, el 95% de los vehículos motorizados eran camionetas o jeeps. De ese 95%, 35% eran GMC, y un 40% Chevrolets. Una completa confusión, cada 3 minutos pasaba un Chevrolet de las características que buscaba.
Estuve esperando aproximadamente una hora y media a Ben, entre tanto volví a encontrarme con la familia de Heber (by the way, Giofford and Liz). Al verme con la cara de pajarito nuevo, me llamaron y Giofford estiró la mano con un billete. Todo avergonzado me acerqué y les dije “Don’t worry , ¡really!, I brought enough money”, y me insistieron tanto que finalmente no tuve otra opción que aceptar esos US$100. (jajaja).
De todos modos, ellos sabían que iba a Heber, y yo al echar finalmente por la borda la opción de que me fueran a buscar, decidí buscar un taxi. Lo único que encontré, fue la típica central ordinaria de taxis, que hay en todas partes del mundo. Un gordo con bigotes, yacía sentado en una banca, al lado de un teléfono y un radio de mediano y largo alcance. A su lado, un negro americano, bueno para hablar y negociar.
Entonces tomé el taxi, después de una negociación sin sentido. Esa travesía del aeropuerto de Salt Lake a Heber, fue un desastre. Entre que nos perdimos, y el taxista fue a recargar bencina, y mientras tanto hablaba y hablaba, finalmente se portó medianamente bien. Porque hasta Heber, me cobró US$100 (siendo que el desvío nos tomó más de 15 minutos). De todos modos, ahí entendí el porqué esa familia me dio esos US$100, no creo que haga falta explicarlo.
Al llegar, no sabía el nombre del motel, el taxista me ayudó, gracias a Dios, a buscarlo, y no me cobró extra por eso. En todo caso, preguntamos en el primer motel, y ahí averigüé algunos datos, que me llevaron en el segundo intento al lugar indicado.